“El estudio reveló que las cenizas exceden los niveles permitidos (por la EPA). Definitivamente, el estudio arrojó que las cenizas son bien tóxicas”, dijo Rosario, al explicar que en la investigación se utilizó una prueba conocida como Leaching Environmental Assessment Framework (LEAF) para analizar el potencial de lixiviación del Agremax a diferentes niveles de pH.
Por costumbre, contó el profesor, la toxicidad de las cenizas se mide con una prueba conocida como Toxicity Characteristic Leaching Procedure (TCLP), que “no es representativa”, pues solo considera un nivel de pH.
“Estudio demoledor”
Rosario, entretanto, advirtió que “es cuestión de tiempo” para que los metales pesados de las cenizas de carbón que han sido depositadas en varios puntos de la zona sur de la Isla afecten a los acuíferos y “los hagan inservibles”.
“Este es un estudio demoledor que reafirma que las cenizas de AES tienen metales en grandes cantidades y son tóxicas”, dijo, por su parte, Víctor Alvarado, presidente del grupo Comité Diálogo Ambiental (CDA).
Por más de una década, CDA ha denunciado que la exposición a las cenizas de carbón puede causar desde alergias y enfermedades en la piel hasta condiciones pulmonares y/o respiratorias (asma, fatiga, bronquitis, etc.), así como tumores en la glándula tiroides, daño a los riñones y cáncer, entre otros males.
Según el CDA, las poblaciones más vulnerables a desarrollar estas condiciones son niños, ancianos y pacientes inmunocomprometidos.
Varios vecinos de la comunidad Pozuelo, la más cercana a la “carbonera”, aseguraron que tanto su salud como el ambiente se han afectado desde que AES inició sus operaciones.
“Aquí hay personas que han perdido la memoria y la vista, otras que siempre tienen picor o ardor en la piel, y muchas que han desarrollado asma, fatiga y hasta cáncer. Todo empezó tres o cuatro años después que la planta inició operaciones”, relató Ruth Collazo.
“Yo antes sembraba mucho, pero ahora nada se me da. Las plantas siempre se queman; la vegetación se ha afectado mucho”, dijo, por su parte, Rafaela de Jesús, quien narró que semanalmente, después de las 10:00 p.m., “una bola de humo negro y un fuerte olor a azufre” invaden a la comunidad.
Los pescadores de esta área también se han visto afectados. Miguel Ortiz, presidente de la Villa Pesquera Punta Pozuelo, aseveró que la pesca ha mermado por la contaminación. “Todas las cenizas que han depositado en el suelo vienen a parar a la bahía cuando llueve. Ahora tenemos que salir a pescar dos o tres millas afuera de la costa”, indicó.
Lo incluirán en la demanda.
De otra parte, la abogada Ruth Santiago, representante legal del CDA, señaló que los resultados del estudio de la Universidad de Vandebilt complementarán la demanda que el grupo se apresta a entablar contra AES. “El estudio reveló el nivel real de lixiviación de las cenizas y tiene información bien alarmante”, dijo Santiago, y recordó que el CDA incoará la demanda de la mano del bufete de abogados de interés público Public Justice.